Por: Ds
Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en
las orillas del manto… Éxodo 39:25.
El verso presente
nos habla de unas campanillas de oro que se encontraban al borde del manto
sagrado que vestía el sumo sacerdote cuando ministraba en el tabernáculo. Encontramos
una riqueza espiritual al interpretar el significado de estos elementos además decir
que entre cada campanilla había una granada. La campanilla nos habla del sonido
que expresa nuestro testimonio y la granada del fruto del evangelio en nosotros.
Había escuchado
una expresión: debemos conocer el sonido de las dos campanas para determinar
un juicio que involucra más de una persona y esto me lleva a aquella
experiencia que el Rey Salomón tubo con aquellas dos madres, ambas habían dado
a luz el mismo día y en una noche estando ellas solas en el mismo techo
mientras dormían una de estas mujeres se acostó sobre su bebe recién nacido causándole
la muerte, mientras la otra dormía cambio el niño, tomando el que estaba vivo.
Una gran disputa
por la verdad delante del Rey, ambas expresaban su razón pero solo una sola
campana resonaba la verdad, en medio de esta controversia Salomón decide partir
el niño en dos y que le fuesen entregada cada parte del niño a las mujeres. Lo inesperado
es que una de las mujeres inmediatamente dijo: ¡Ah, señor mío!
dad a ésta el niño vivo, y no lo
matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a
ti; partidlo.
Sucedió la decisión
Salomónico, evidentemente Salomón pudo distinguir cuál de las dos campanas tenía
el sonido de la verdad, prefiriendo ella verlo vivo aunque en manos de otra
mujer.
El sumo sacerdote
ministraba en el lugar santísimo una vez al año, estas campanillas expresaban
el sonido que la presencia de Dios estaba en medio de él y por ende provocaba
el mover de las campanillas indicando con esto que estaba vivo por que su testimonio era
verdadero delante de Dios, si el sumo sacerdote entraba sin estar preparado
delante de Dios dichas campanillas no expresarían la presencia de Dios por lo
cual indicaba al pueblo en su silencio que había muerto y como nadie podía entrar
al lugar santísimo, este era sacado por una cuerda que se amarraba a la cintura
antes de entrar al tabernáculo.
Estas mujeres de
la vida alegre eran vil pecadoras y aun así fueron a buscar justicia, sus
testimonios por oficio no daban campanadas de buena estima pero una llevaba la
verdad y Dios tuvo misericordia porque no es del que tenga, pueda o quiera sino
más bien de quien Dios tiene misericordia.
Quizás te ha
tocado el injusto juicio de los hombres, pero hoy te digo: deja que tu
testimonio sin palabras continúe expresando tu justicia delante de Dios, continúan
tintirirando como campana de Dios, Él te librara de las bocas de los leones y
de las garras de los osos.
Si tú sabes que
estas bien con Dios y que tus campanas expresan adoración a Él, aun los
acusadores e injuriadores digan lo contrario, Dios tiene la última palabra como
la tuvo Salomón en defensa de aquella mujer pero es tu deber no hacer nada dejando
que Dios haga defensa, Él no puede ser burlado y camina con el testimonio
sacerdotal que hay en ti.
Dios
te bendiga!



















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