¡Gracias a Dios que algún día Él tomará el mando!
El mundo está hundido en el desastre, ¡y tiene al frente una dirigencia desastrosa! El caos y la confusión reinantes sólo pueden ser solucionados por el Señor y Su venida, para restablecer la ley, el orden y la civilización cristiana. ¡Porque sólo Dios mismo, en la persona de Jesucristo, con la ayuda de Sus ángeles y los santos ya resucitados, será capaz de dirigir bien semejante gobierno mundial, dando justicia, libertad, paz, abundancia y felicidad verdaderas para todos!
¡Ya no habrá grandes potencias ni pueblos oprimidos! ¡Sólo existirá el Reino de Jesucristo, el Cielo en la tierra! ¡Por fin se pondrá orden a la condición caótica en que se encuentra la humanidad! ¡Esta es nuestra esperanza, que sabemos pronto se cumplirá: Jesucristo volverá para rescatar a los Suyos, al mundo y a los pueblos del mundo, trayendo nuevamente la luz, la vida y el amor! Su Reino eterno descenderá a la Tierra para establecerse en ella, y regirá eternamente. ¡Gloria al Señor! Su dominio será sempiterno, y reinará sobre todos los reinos de la tierra. (Dan.2:44; 7:27; Isa.2:24; Ap.5:10; 20:4)
"A la noche la aurora sigue, y a la aurora el pleno sol; y el reino de nuestro Dios vendrá, ¡un reino de luz y amor!"
De Jesús con cariño
Esos seres tan queridos para ti que llevas en el alma están a salvo en Mis brazos. No temas, pues, ni llores por los que han ido a recibir su galardón. Se fueron a descubrir nuevos horizontes, a gozar de días más radiantes. Traspasaron la puerta y están del otro lado. No los has perdido. No han desaparecido. No has perdido su amor. ¡Están tan vivos como siempre!
Aunque no los veas ni puedas tocarlos, besarlos o contemplar su rostro, viven. ¡Viven! Esta separación es momentánea, esta corta distancia que te separa de ellos desaparecerá. Por tanto, no llores. Cobra ánimo.
Consuélate y halla esperanza sabiendo que Yo lo hago todo bien. Sea que dé o sea que quite, lo hago todo por amor. Debes entender que toda situación, toda circunstancia, todo detalle, provienen de Mi mano. Soy tu Padre, y no he hecho esto para lastimarte, destruirte o hacerte pedazos; lo he hecho por amor. Aunque ahora no lo comprendas, es un gran honor para ti que me haya llevado en Mis brazos a tu querido tesoro.
Ven, pues, a Mis brazos. Recuesta tu cabeza cansada en Mi pecho. Encuentra calor, consuelo y ternura en Mi seno. Deja que enjugue tus lágrimas y alivie tus heridas a besos.
24 de julio de 2008
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